Los reflectores en el caso Karen

La “desaparición” de la mujer generó el apoyo en redes sociales y el gobierno activó también protocolos de búsqueda

Azul Etcheverry
Azul Etcheverry / Claraboya / Columnista de El Heraldo de México

Esta semana, como todas en nuestro país, se caracterizó por grandes noticias. Desde Donald Trump y su gran respeto a nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, y su decisión de frenar, por ahora, el catalogar a los cárteles del narcotráfico como agencias terroristas, hasta, lamentablemente, la continuidad de nuevas desapariciones y violencia en el país.

Sin embargo, fue un caso el que se llevó los reflectores a nivel nacional: la desaparición de Karen Espíndola.

No sé si fue el manejo de la situación, el físico de Karen, sus mensajes o simplemente suerte, pero su caso se viralizó como muy pocos en cuestión de horas.

Ya sabemos lo que pasó: Karen mandó un mensaje a su madre, avisándole que estaba abordando un taxi, a los pocos minutos le comentaba que el taxista se portaba extraño y grosero para, posteriormente, no responder más y dejar a su familia en una preocupación que no se le desea a nadie.

La situación es que Karen generó una ola masiva de apoyo en redes sociales, mismas que provocó que la misma jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, manifestara que se encontraba al tanto y activando protocolos, a pesar de haber pasado unas pocas horas de su desaparición. Después de varias horas de búsqueda, operativos, alertas e indignación generalizada, Karen regresó a su casa.

Resulta que estuvo tomando y decidió fingir que algo no andaba bien para seguir la fiesta y no tener problemas en casa.

Particularmente, desde que apareció, me sorprendió mucho que llegara a su casa en taxi. Tras haber desaparecido de uno, creo que muy pocas personas se subirían a otro apenas unas horas después.

En fin, afortunadamente Karen estaba bien, tuvo la suerte que muchas otras mujeres no han tenido cuando han desaparecido. Sin embargo, nada justifica su actuar.

Hay personas que cree que se sataniza que haya estado de fiesta, asume que a la gente le molesta que haya aparecido con bien.

¿Todo bien? Es evidente que la molestia se generó a partir de sus mentiras, por provocar una preocupación en su familia, de la que tardarán meses en reponer. Tampoco podemos indignarnos porque las autoridades se movilizaron o que se utilizaron recursos para su búsqueda; al final de cuentas, su familia no la encontraba y para eso están las autoridades.

¿Karen hizo mal? Sí. ¿Merece el rechazo público? No, tampoco. Karen hizo las cosas mal. Seguramente servirá de ejemplo para dos cosas: la primera, que cuando la gente se une, es empática, exige a las autoridades y multiplica mensajes, son la herramienta más poderosa en estos tiempos de incertidumbre. Pero también, servirá como ejemplo para quienes, a veces, ponen en segundo plano a quienes más los quieren y buscan un beneficio temporal dañando a su familia.

Ojalá se aprenda que la diversión y la responsabilidad no están peleadas, y que nunca sabemos el daño que pueden hacer las mentiras.

POR AZUL ETCHEVERRY
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@AZULETCHEVERRY



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