En defensa de un legado: 70 años de la OTAN

Hoy más que nunca, la Alianza Atlántica debe asumir una posición moral del lado del orden liberal

Claudia Ruiz Massieu
Claudia Ruiz Massieu / Senadora de la República por el PRI / El Heraldo de México

Hace días, en Londres, se conmemoró el 70° aniversario de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. En su nivel más inmediato, la OTAN es una alianza militar fundada por 12 estados; la apuesta de Occidente, encabezada por Estados Unidos, para contener el avance soviético tras la Segunda Guerra Mundial.

La OTAN es mucho más que tanques y misiles. En un plano estrictamente militar no ha sido particularmente activa. Durante toda la guerra fría, la Alianza no llevó a cabo ninguna operación. Esta alianza, hoy con 29 miembros, encarna una visión del mundo y un proyecto civilizatorio global: el consenso que, durante las últimas siete décadas, ha creado el periodo de paz y prosperidad más notable en la historia. Un modelo basado en la democracia representativa, la protección de derechos humanos, las libertades individuales y el libre comercio. Se trata del orden liberal internacional que logró, por ejemplo, que Alemania y Francia se sentaran como aliados después de haberse desangrado como enemigos.

El reto que enfrenta la OTAN es que el mundo para el que surgió ya no existe: se superó la tensión bipolar y se transitó a una realidad de múltiples potencias con capacidad de desestabilizar el orden global. Hoy las grandes amenazas a la seguridad internacional incorporan actores no convencionales como terroristas y el crimen organizado, así como nuevos métodos de agresión, por ejemplo: ataques cibernéticos.

Un segundo problema es más grave: varios gobiernos integrantes de la Alianza parecen estar virando hacia posiciones populistas, autoritarias y xenófobas, en detrimento del consenso liberal que es, en primera y última instancia, el asidero que le da sentido político, estratégico e incluso moral a la OTAN.

El presidente Emmanuel Macron lo dijo con crudeza, pero con realismo, al señalar que la OTAN padece de muerte cerebral; es decir, que aunque posee en conjunto la fuerza militar más poderosa del mundo, ha extraviado los principios y valores que le dan sentido a ese poder.

Mientras que países miembros pelean por cuánto debe aumentar el presupuesto, la Alianza ha sido indiferente, cuando no impotente, para defender a los inocentes en casos como la guerra civil siria o al mirar hacia otro lado cuando uno de sus propios miembros ataca a poblaciones kurdas que fueron clave para derrotar al islamismo radical de ISIS.

La OTAN tiene retos que superar a nivel militar, como los que se han apuntado: aportaciones más equitativas a su presupuesto de defensa; cambios de doctrina para enfrentar las amenazas del siglo XXI y un replanteamiento estratégico. Lo más urgente es una renovación del compromiso con la defensa y promoción de los valores de la civilización global que en buena medida ha ayudado a construir durante siete décadas.

Hoy más que nunca, la Alianza Atlántica, que surgió victoriosa de la guerra contra los totalitarismos fascistas y comunistas, debe asumir una posición moral del lado del orden liberal, en una batalla que no se librará únicamente desde las trincheras militares, sino desde las ideas y los principios.

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA DE LA REPÚBLICA POR EL PRI
@RUIZMASSIEU



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