El poder económico y el poder político

Como otros líderes emergentes, el carismático Adolfo Hitler movió el orgullo de su pueblo y en las minorías encontró a los enemigos perfectos para su proyecto político

Columna Invitada / Rubén Ignacio Moreira / Opinión El Heraldo de México
Columna Invitada / Rubén Ignacio Moreira / Opinión El Heraldo de México

En días pasados, para ser exactos el 1 de septiembre, se cumplieron 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. El detonante visible: Alemania, con la complacencia del poder soviético, invadió Polonia. En cuestión de días, esta nación sucumbió ante los germanos.

En términos generales, la historia es conocida: Alemania, Japón e Italia terminaron vencidos. Tras la caída de Hitler, el mundo descubrió el horror del Holocausto judío; Estados Unidos y la Unión Soviética se dividieron por un tiempo el mundo e iniciaron una carrera armamentista e ideológica, a la que se denominó guerra fría.

A propósito del aniversario, vale la pena recordar el libro El Orden del Día, de Éric Vuillard. Novela sugestiva que nos introduce en los vínculos de los corporativos empresariales alemanes con el nazismo. En el libro desfilan los nombres de Gustav Krupp, Wilhelm von Opel, Albert Vögler, August Rosterg y Wolfgang Reuter. Es fácil descubrir quiénes eran estos caballeros; algunos de sus apellidos hoy son marcas registradas.

Hitler asumió el poder total gracias a un proceso electoral y, paradógicamente, a la incredulidad del culto pueblo alemán que no distinguió los rasgos psicópatas de su líder. Como otros líderes emergentes, el carismático Adolfo Hitler movió el orgullo de su pueblo y en las minorías encontró a los enemigos perfectos para su proyecto político. Lo anterior, sin olvidar que para no batallar con eso de la democracia y la libertad de expresión, el loco de marras encarceló y eliminó a muchos de sus adversarios.

Inicialmente, las grandes potencias occidentales de la época, EU, Francia e Inglaterra, principales exponentes del capitalismo internacional, vieron en el Führer a un aliado contra el avance del comunismo. Pero los locos están locos y, tarde o temprano, son congruentes con su padecimiento y se salen de control. Tan solo unos meses después de iniciada la guerra, Hitler pisaba París y bombardeaba Londres.

La sentencia el pueblo unido jamás será vencido es falsa, me dijo con cinismo un amigo y agregó: Los ricos unidos jamás serán vencidos, es la correcta.

Vuillard narra cómo un día de febrero de 1933, los propietarios de Bayer, BMW, Siemens, Agfa, Shell, Telefunken y Thyssen Krupp se reunieron con Hitler para financiarle su campaña electoral. Durante la guerra, muchas de estas empresas se beneficiaron con jugosos contratos y se les permitió aprovechar para su producción materias primas sustraídas de los pueblos sometidos, así como hacer uso de mano de obra esclava. El régimen nazi desapareció, pero no los capitales que fueron sus aliados y que contribuyeron de forma consciente a una de las pesadillas más terribles de la historia.

Un conocido pensador alemán decía que en el capitalismo tarde o temprano el poder político queda sometido al económico. Por cierto, y por aquello de la moral, hay que agregar que el poder político no tiene la habilidad del económico para limpiar su nombre. Una conveniente cantidad de dinero para obras pías y una buena campaña ideológica borra la responsabilidad que el capital haya tenido en cualquier crimen.

POR RUBÉN IGNACIO MOREIRA

DIPUTADO FEDERAL POR EL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL

@RUBENMOREIRAVDZ

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