El fin de Calderón

Difícil creer que no sabía lo que hacía su secretario de Seguridad Pública

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

Felipe Calderón tiene el agua en el cuello. Y lo sabe, o debería saberlo. La columna vertebral de su gobierno, el combate al crimen organizado, está a punto de derrumbarse y con esa caída se esfumaría también toda la legitimidad –si es que la tuvo- de esa batalla emprendida. El expresidente está en un pantano y podría no solo quedar atrapado en él, sino hundirse.

Calderón se lanzó a una guerra –que aun sangra a México- contra los cárteles de la droga. Hoy sabemos, por las acusaciones de la Corte del distrito este de Nueva York –la misma que señaló y procesó a Joaquín Chapo Guzmán– que el hombre clave en la estrategia de seguridad, el entonces secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, habría recibido millones de dólares en sobornos del cartel de Sinaloa, de El Chapo Guzmán, mientras controlaba la fuerza de Policía Federal de México y era responsable de garantizar la seguridad pública en México, según lo dicho por el Fiscal que lleva el caso -y que también tuvo en sus manos el de Guzmán-, Richard P. Donoghue.

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Sería imposible desligar a García Luna de Calderón. Uno no se entiende sin el otro. Difícil creer que el presidente no tuvo información sobre lo que hacía, deshacía, negociaba y pactaba el hombre que, junto a él, diseño la estrategia de combate contra el narcotráfico. La pregunta es si García Luna estaba autorizado para hacer lo que se le acusa hizo, o si lo hizo a espaldas.

En cualquiera de los escenarios estamos frente a un problema mayúsculo porque, el hecho de que el secretario de Seguridad Pública federal pactara con criminales y recibiera dinero en maletines, nos refiere a un narcoestado donde las decisiones de la política de combate a la inseguridad se tomaron en conjunto entre un cártel de la droga –el de Sinaloa- y el gobierno en turno.

Si Calderón lo sabía es gravísimo, y si no es igualmente delicado.

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Hay un hecho irrefutable: el cártel menos golpeado durante el gobierno calderonista, fue el de Sinaloa. En los seis años, El Chapo nunca fue detenido. ¿Coincidencia o confirmación del pacto?

Felipe Calderón ha quedado desactivado. Mientras su hombre fuerte en materia de seguridad es procesado por narcotráfico, las palabras de quien se había erigido en principal crítico del presidente López Obrador, carecen de legitimidad y potencia.

Donde vaya y donde se pare, deberá explicar cómo el ADN de su gobierno ha quedado marcado y podría resultar manchado para siempre.

Calderón no solo no podrá hacer vida pública, y su partido en ciernes, estaría en severos problemas para nacer, sino que, quizá tendría que ir pensando en su estrategia jurídica y de defensa. Porque si García Luna, el hombre del que intentó desmarcarse el martes por la noche, asegurando que los señalamientos en su contra lo sorprenden profundamente, se declara culpable, llega a un acuerdo con la Fiscalía, y decide hablar, no solo el expresidente, sino varios calderonistas, pasarían del desprestigio público al banquillo de los acusados.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
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@MLOPEZSANMARTIN

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