El Heraldo de México

Cuando la diplomacia muere

Hoy, México tiene el respaldo de 33 países de América Latina y el Caribe para ocupar un lugar no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU

Adriana Delgado Ruiz/ El dedo en la llaga/ El Heraldo de México

Los organismos multilaterales fueron creados para servir como árbitros en los conflictos mundiales, pero no son del todo imparciales. Históricamente, sus liderazgos están en manos de las potencias dominantes y sus intereses. Cuando la negociación fracasa y la diplomacia muere, las balas siguen tomando su lugar.

Hoy, México tiene el respaldo de 33 países de América Latina y el Caribe para ocupar un lugar no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué tan bueno es eso? Somos una nación pacifista y participar en ese organismo es hablar de votos sobre sanciones, bloqueos y operaciones militares. ¿Y la tradición mexicana del respeto a la autodeterminación de los pueblos?

La experiencia muestra que cuando hay intereses en juego, atacar países en América Latina no es problema. Inglaterra libró una guerra contra Argentina en los 80, por las islas Malvinas. ¿Y si Bolivia, con sus enormes reservas de gas natural y litio, vuelve a estar envuelta en un conflicto político? La posibilidad no es lejana. ¿Y si Venezuela, con sus reservas inmensas de petróleo, se sale de control?

Las relaciones entre países son iguales a las que hay entre personas. El derecho de uno termina donde inicia el del otro. Meterse en vidas ajenas, querer por la fuerza lo que tienen los demás e inmiscuirse en conflictos no resulta nada bueno. ¿Qué sucederá si hay que votar en favor de Estados Unidos o Irán, por ejemplo? La explicación del presidente Trump sobre el asesinato del general Qassem Soleimani era que pretendía atacar embajadas estadounidenses. Ahora, el Pentágono admite que no hay evidencias. Hubo un tiempo, ya lejano, en que Estados Unidos no tenía nada que ver con Irán. En 1953, ese país tenía un gobierno electo democráticamente que decidió expropiar el petróleo controlado por el Reino Unido que le entregaba sólo 16 por ciento de las ganancias. En plena Guerra Fría, los ingleses convencieron a los estadounidenses de atacar a Irán acusando a su gobierno de comunista.

La CIA orquestó entonces la operación Ajax e impuso nuevamente la monarquía. El Sha gobernó con mano dura y aplastó toda oposición con el apoyo estadounidense y británico a cambio, claro, del dominio sobre el petróleo iraní. Todos esos intereses volcados contra la población fueron el caldo de cultivo de un sentimiento antiestadounidense generalizado, convertido rápidamente en odio.

Mientras más reciente, la historia es más conocida: todo ese resentimiento vio desahogo en el golpe de Estado de 1977. Desde entonces, con los ayatolas al frente de una república islámica, Estados Unidos ha tenido que patrocinar la guerra de Irak contra Irán en los 80, ha impuesto toda clase de sanciones y evitado a toda costa que desarrolle armas nucleares.

Sí, eso de meter las manos en asuntos ajenos e imponer intereses propios, ha sido la receta estadounidense para el conflicto. Una de dos: desde un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, México puede hacer que se escuche la voz de la diplomacia o verse en encrucijadas grandes e innecesarias. Sí, innecesarias, porque llegan momentos cuando la diplomacia muere.

POR ADRIANA DELGADO RUIZ
COLABORADORA

lctl