Ahí viene la derecha

El gobierno de López Obrador ha adoptado decisiones y políticas públicas más afines a gobiernos del PRI o del PAN

Wilbert_Torre
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

La represión en Chile y el regreso de los golpes de Estado en Bolivia representan actos de retroceso y autoritarismo que han puesto las barbas a remojar en varios países de América Latina.

En el fondo subyace una pregunta inquietante: ¿cómo ha avanzado la derecha en años recientes mientras la izquierda y la disidencia liberal se han transformado en distintos casos en fuerzas y políticas contrarias a su ideología y su pasado?

México es uno de los ejemplos más claros de esa mutación. Después de varias décadas de denunciar y combatir fraudes electorales y los excesos y autoritarismos de los regímenes del PRI, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha adoptado decisiones y políticas públicas más afines a los gobiernos del PRI o del PAN que a uno que se supone de izquierda.

En la lista de los riesgosos pasos hacia la derecha sobresalen todo el poder que el Presidente le ha otorgado al Ejército para que tenga en las manos todas las facultades de la ley para combatir en las calles los delitos del fuero común, los recortes al presupuesto en salud, cultura y deporte, y los despidos en la burocracia tan comunes en los regímenes neoliberales.

Todas estas decisiones de gobierno fueron criticadas por la izquierda en México los últimos años.

Ahora quienes simpatizan con el gobierno de la Cuarta Transformación han respaldado puntualmente cada una de esas decisiones bajo el argumento de que concebidas y puestas en marcha por AMLO, no existe el riesgo de que se perviertan o resulten contrarias a las libertades y los intereses de los ciudadanos.

La historia de Viktor Orban, el presidente de Hungría, es un buen ejemplo para ilustrar cómo la política se ha vuelto cada vez más pragmática y la manera en la que algunos políticos como Orban, un académico y un hombre cercano a la sociedad con un pasado de disidencia liberal, dio un giro radical hasta convertirse en un líder de derecha elogiado por el gobierno del presidente Donald Trump.

Su desplazamiento de un hombre cercano a la sociedad a un político de derecha se cimentó en su acercamiento a la iglesia, el debilitamiento de las instituciones de equilibrio en las democracias liberales –ha logrado controlar el Poder Judicial, la Corte Constitucional y la autoridad electoral– y un manejo estricto de la economía que permitió aumentar los salarios en 10 por ciento y reducido dos tercios del desempleo.

El mantra de Orban ha sido menos ideología y más acumulación de poder.

López Obrador representa en México la única baraja que no hemos jugado los ciudadanos, la izquierda, ante el fracaso de la derecha.

El peligro es que las decisiones que está tomando –el maridaje con los militares, el control de las instituciones o su temor a una reforma fiscal que aumente los impuestos a los ricos– pueden llevarnos, si no resultan como él planea, a la derecha más radical como ha sucedido en Argentina, Chile y Brasil más recientemente.

POR WILBERT TORRE

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@WILBERTTORRE

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