Riddick Bowe el ‘Big Daddy’

Su carrera tuvo pasajes históricos sobre el ring, pero su vida personal lo llevó al extremo

DEBUT PROFESIONAL: 6 de marzo de 1989. Ilustración: Allan G. Ramírez
DEBUT PROFESIONAL: 6 de marzo de 1989. Ilustración: Allan G. Ramírez

Allá por los años 90 del siglo pasado, hubo un campeón CMB de peso completo, quien, en compañía de su dirigente, cometió uno de los actos más deleznables que recordamos en nuestro ya largo recorrido dentro del mundo del boxeo.

En lo personal, hemos tratado de no criticar a ningún púgil, más allá de lo que es la práctica de su oficio en aspectos que nos han parecido fuera de lo que debe ser el mismo; si acaso, algún ligero comentario respecto de algo con lo que no estemos de acuerdo, y que se haya dado dentro del ámbito mencionado.

Sin embargo, hubo una solitaria –única hasta ahora–, ocasión en que nos salimos un poco de lo acostumbrado, ante una actitud del monarca y el representante mencionados, Riddick Bowe y Rock Newman, quienes contra todo lo esperado de aquellos que han alcanzado éxito deportivo y económico, cometieron el imperdonable acto de tirar en un bote de basura el cinturón que lo acreditaba como el mejor hombre de su división en el planeta.

¿Cómo –nos planteábamos la pregunta–, es posible que hayan hecho eso con un objeto emblemático que tiene especialísimo significado dentro de su actividad, que es la ilusión de miles de jovencitos en todo el mundo, y que han poseído los más grandes peleadores que han subido a distintos cuadriláteros desde varios siglos atrás hasta la fecha?

Pues lo hicieron, ya que en aquel momento, al parecer todo lo que les interesaba era ganar dinero realizando una defensa que ellos querían y no la que reglamentariamente ordenaba el organismo que los reconocía, que era el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Por supuesto, el trono fue considerado vacante. Bowe había conquistado la corona derrotando por puntos a Evander Holyfield el 13 de noviembre de 1992, en el Thomas & Mack Center, de Las Vegas, y después del hecho mencionado, continuó su carrera por otro camino. Él era muy buen boxeador, pegaba fuerte, no obstante, nunca llegó a escalar las alturas de popularidad que se le pronosticaban. No sabemos si él y su representante obraban mal o simplemente ignoraban los puntos importantes del trato con sus semejantes, y los del negocio. Cuando los conocimos, unos años antes de que Bowe fuera un estrella de los cuadriláteros, ambos nos provocaron una excelente impresión. Fue en Nueva York, y su condición económica era precaria. Coincidimos en una cena. Sirvieron unos filetes impresionantes y pudimos observar, no sin sorpresa, que Newman no comió el suyo, lo colocó en el plato de su pupilo, y comprendimos todo lo que había atrás.

Lo sucedido después, fue aquello que tantas veces se ha visto entre las personas que no están preparadas para manejar el éxito.

Como hemos dicho, Bowe se coronó, combatió contra los mejores de aquel momento, incluido Holyfield, quien en la revancha se vengó, imponiendo al personaje del que hablamos la única derrota que sufrió en su carrera profesional. Además de su victimario, tuvo enfrente y venció a gente como Pinklon Thomas, Tony Tubbs, Bruce Seldon, Michael Dokes, Herbie Hide y otros.

Su calidad nunca estuvo ausente. Era entrenado por Eddie Futch, uno de los relevantes en el oficio, que siempre lo presentaba en su mejor forma física. Bowe, quien nació el 10 de agosto de 1968, en Nueva York, realizó tres defensas de la corona, una de ellas contra el hombre al que había destronado, el ya mencionado Holyfield.

Peleó profesionalmente de 1989 a 2008, mostrando siempre todo lo que había aprendido desde sus tiempos de amateur, terreno en el que ganó medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 1988, en Corea del Sur, y en los que compitió dentro del peso supercompleto. El oro en aquella ocasión se lo llevó otro, este sí posteriormente muy conocido campeón de los pesados, el británico Lennox Lewis, quien nunca dio motivos para que se le criticara en ningún aspecto de su carrera.

Un tiempo antes de retirarse del boxeo, Bowe tuvo momentos de gran descontrol en su vida, como episodios de violencia doméstica con su esposa Terri Blackberry, con el hijito de ambos, Riddick Jr. como testigo, y visitas seguidas a hospitales especializados.

En ese espacio, Rock Newman visitó a José Sulaimán, presidente del organismo al que habían insultado, pidió perdón, mismo que le fue otorgado, pero Bowe ya nunca pudo siquiera aspirar a la reconquista del cinturón que en forma tan baja había abandonado. Todavía hubo algunas batallas, dos de ellas contra el polaco Andrew Golota, en las que ambos ofrecieron auténticas exhibiciones de todo aquello que nadie puede hacer cuando sube a un cuadrilátero, terminando ambas por descalificación del europeo.

Después de aquello, Bowe dejó el boxeo, y no obstante que intentó volver varias veces, no hizo sino sostener tres encuentros en el lapso de 12 años, los que ganó antes de dejar definitivamente la actividad en la que un día fue el mejor del mundo en su peso.

POR VÍCTOR COTA

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